20/02/2026
En los últimos años cada vez escuchamos más hablar del bienestar emocional de niños y adolescentes. Como padres, educadores y comunidad, nos preocupa cómo están nuestros hijos, cómo se sienten y cómo crecen en este mundo rápido, cambiante e inseguro. En este contexto, ¿cómo encajamos la necesidad de poner y enseñar límites a nuestros tiernos retoños?
Muchas veces, al oír la palabra límite, nos vienen a la mente conceptos como el castigo, la prohibición o el autoritarismo. Sin embargo, cada vez más personas expertas nos recuerdan que el límite no es ese. El límite es el amor, es el cuidado, y, sobre todo, es la protección. Está demostrado que niños y niñas no se sienten seguros en espacios sin límites, sino que necesitan referencias claras, coherentes y adultos confiables a su lado.
Francamente, las personas adultas muchas veces tenemos dificultades para decir "no". A veces porque queremos evitar el sufrimiento de hijas e hijos, otras porque nos sentimos culpables, o quizá porque tememos no ser queridos.
Sea como sea, es importante sortear esas barreras, porque niñas y niños no necesitan adultos perfectos, necesitan adultos presentes, coherentes y responsables. Y las personas adultas tenemos que asumir que poner límites no significa negar sus emociones, sino enseñarles a vivir acompañadas por ellas.
En la ikastola vemos todos los días lo importante que es que familia e ikastola vayan en la misma dirección. Los límites que se ponen en casa no se pueden dejar en manos de la ikastola, y la ikastola no puede ocupar el lugar de la familia. No obstante, cuando construimos conjuntamente, niñas y niños sienten más seguridad y eso les permite aprender, crear relaciones y crecer con una base sólida.
Además, los límites sanos ayudan a gestionar la frustración, desarrollan la responsabilidad y generan confianza en cada persona. Porque la vida no siempre nos devuelve las respuestas deseadas, así que ayudar a niños y niñas a entenderlo poco a poco es un gran tesoro para el futuro.
Sabemos por tanto que los límites no son nuestros enemigos, sino aliados. Son los límites puestos con cariño, respeto y sentido común los que protegen a las y los más pequeños y les ofrecen un fuerte apoyo en el camino de ser adultos.
Nadie tiene la receta mágica de la educación. Pero en EKINTZA Ikastola sabemos que hay unos ingredientes que siempre funcionan: la relación, la escucha, la coherencia y el amor.