11/06/2025
El juego es uno de los ejes principales del desarrollo en la infancia. Con frecuencia vemos denostado en nuestra sociedad su valor, y relegado a mera actividad de ocio. Sin embargo, desde el punto de vista pedagógico, neuropsicológico y sociocultural, el juego no tiene sustitutos. Se trata de una actividad que alimenta directamente el desarrollo integral de niñas y niños (cognitivo, emocional, social y físico) y que resulta fundamental para su supervivencia. Por lo tanto, es necesario reflexionar sobre la importancia del juego, y en este artículo vamos a profundizar en él, precisamente hoy, que se celebra el Día Internacional del Juego.
Hoy en día cada vez son más las voces que reivindican la centralidad del juego tanto en la Educación Infantil como en toda la comunidad educativa. ¿Por qué? Partimos de que el desarrollo del cerebro se da en constante interacción con el entorno, siendo el juego el motor de esta interacción en la infancia. La neurociencia ha demostrado que a través del juego niños y niñas crean nuevos vínculos neuronales y desarrollan sus capacidades cognitivas (memoria, concentración, imaginación). Además, la regulación emocional y la gestión de la frustración se aprenden de forma natural a través del juego libre.
El psicoanalista Donald Winnicott, por ejemplo, afirmó que a través del juego niños y niñas tienden puentes entre la realidad y la fantasía. El juego es un espacio seguro donde construyen la identidad, exteriorizan los conflictos internos y desarrollan la valentía de explorar el entorno.Y obviamente, el juego no es una actividad aislada. Cuando se comparte con las y los demás, niños y niñas aprenden dinámicas de grupo, normas y colaboración. Es el primer laboratorio de socialización donde se interiorizan valores como la empatía, el respeto y la negociación. En el juego simbólico, por ejemplo, niños y niñas asumen roles y recrean situaciones cotidianas de la sociedad: el rol de madre o padre, del profesor, del médico... A través de esta experimentación interiorizan el funcionamiento de la sociedad y construyen una identidad propia.
En Educación Infantil, el juego, además de una metodología, debería ser la base de la estructura educativa. Según los criterios de Hik Hasi, el juego es la acción más natural niños y niñas, y el proyecto educativo que respete su ritmo e interés lo situará en el centro. Yendo más allá, la propuesta "Herri Hezitzailea, Eskola Herritarra" defiende que la educación no es responsabilidad exclusiva de la escuela, es decir, que todo la comunidad o municipio debe jugar el rol. En la calle, en los parques, en el barrio... niños y niñas necesitan espacios y oportunidades para jugar, para moverse libremente y construir relaciones.
Por si fuera poco, el juego no sólo es un espacio de desarrollo emocional y cognitivo, sino un espacio ideal para interiorizar el lenguaje. Por ejemplo, cuando niños y niñas juegan en un entorno en el que se practica euskera, interiorizan el lenguaje de forma inconsciente y significativa. Por ello, la creación de ambientes de juego en euskera por parte de una comunidad educativa suele ser de gran ayuda, tanto en el centro escolar, como en el comedor, el patio o las actividades de ocio, ya que juegos cooperativos, juegos verbales simbólicos o juegos orales tradicionales favorecen el uso significativo y contextualizado del euskera.
El juego como derecho: la necesidad de sobrevivir
La Convención de las Naciones Unidas para los Derechos del Niño reconoce en su artículo 31 el derecho al juego. Esto significa que el juego no sólo aporta beneficios: es un derecho innato y defendible que todo niño y niña debe tener. En contextos socioeconómicos difíciles, el juego se convierte en un factor de protección. Para niños y niñas en situaciones de trauma, pobreza o exclusión, el juego es fuente de libertad, resiliencia y autoconstitución. Mientras juega, es niño, es niña. Y eso es lo que le da dignidad y posibilidad de supervivencia.
Retos y riesgos: ¿Desaparecerá del juego?
En la sociedad actual son varias las tendencias que ponen en peligro el protagonismo del juego, entre otras, el uso excesivo del tiempo en pantallas, un calendario lleno con actividades organizadas, la mercantilización del espacio público o el control de los adultos en el tiempo de juego. Hoy en día, muchos niños y niñas no tienen la oportunidad de desarrollar un juego libre, ya sea por falta de espacio y tiempo o por una gran dependencia de los adultos. Por eso es imprescindible que adultos y adultas repensemos nuestro rol. Debemos proteger el juego garantizando el derecho a mantener el ritmo de cada niño y niña, dando tiempo y espacio al juego libre y, sobre todo, valorando el juego.
Por lo tanto, el juego no es una actividad opcional. Niños y niñas necesitan jugar para desarrollarse, aprender, crecer y vivir. Es un pilar del desarrollo neurobiológico, emocional y social y, además, una herramienta imprescindible para la transmisión de la identidad y el lenguaje. Por ello, en EKINTZA Ikastola reconocemos y apoyamos el valor del juego para que nuestros niños y niñas puedan desarrollarse plenamente. Porque el juego no es un lujo, sino la base para la supervivencia.