06/02/2025
Un lunes por la mañana, mientras niñas y niños de segundo de Educación Infantil compartían historias sobre su fin de semana, Lucas levantó la mano con entusiasmo. "Mi abuelo tiene un manzano en su huerta y ayer me dio estas semillas para plantarlas", dijo, mostrando unas pequeñas semillas de manzana. Su propuesta despertó la curiosidad entre el alumnado, que enseguida empezó a hablar de sus frutas favoritas. Así, empezamos a imaginar cómo sería tener una pequeña huerta en la ikastola.
Lo que empezó como una anécdota pronto se convirtió en un proyecto que unió a todo el aula: la creación de una huerta en la ikastola. Con la ayuda de profesoras, profesores, familias y todo el alumnado, nuestras niñas y niños se embarcaron en una aventura para aprender a trabajar en equipo y cuidar de la naturaleza. Nosotras, alumnas de Bachillerato, hemos estado curioseando y hemos tenido la oportunidad de saber más sobre su trabajo.
El proyecto de nuestra huerta se ha llevado a cabo en varios pasos. Para empezar, alumnas y alumnos demostraron sus conocimientos en clase respondiendo a las preguntas del profesorado. Así, los alumnos fueron aprendiendo a clasificar las semillas y recibiendo información práctica sobre cada una de ellas. Compararon el aspecto y los diferentes tamaños de las semillas, y aprendieron de dónde viene cada una: unas de las frutas, otras de las plantas...
"¿Y si traéis las semillas de casa?", les dijeron los profesores. Dicho y hecho. Trajeron a clase semillas de frutas, de chia, pipas…
De todas formas, tras analizar y clasificar las semillas, nos dimos cuenta de que ¡no eran ideales para plantar! Así que hicimos una salida al mercado de la Bretxa y de paso tuvimos la oportunidad de conocer el barrio acercándonos al comercio local. ¡Vaya! ¡Cuántas semillas diferentes! Con lo aprendido, niñas y niños fueron capaces de estudiar las semillas comparando tamaño, origen y características. Además, el vendedor les dio una gran cantidad de información y les ofreció consejos para plantar en nuestra huerta.
Una vez que ya teníamos las semillas, volvimos a la Ikastola y pusimos en marcha nuestro deseado proyecto. Y... ¿cómo?
Organizamos la huerta en dos partes. Por un lado, plantamos varias semillas en las macetas del patio, así ha sido más fácil para las y los txikis entender que de una semilla salen las plantas que ven en la calle. Por otro lado, en el aula también hemos plantado otras semillas, pero en este caso en fundas de plástico, así pueden ver con sus propios ojos todo el proceso de crecimiento. Nuestras alumnas y alumnos han aprendido que cada día los tallos crecen si los regamos y si reciben luz.
¡Qué bien cuidan las plantas, y qué experiencia tan enriquecedora! Esta huerta, además del aprendizaje en torno al mundo natural, tiene otros beneficios para los niños y niñas: al tiempo que desarrollan su responsabilidad con las plantas, aprenden a ocuparse de sus cosas y también han tenido la oportunidad de adquirir una mayor conciencia medioambiental.
Viendo todo el trabajo realizado por nuestro alumnado más joven, es evidente que han creado mucho más que una huerta, y verlo a través de sus ojos ha sido realmente inspirador para nosotras!!