08/01/2026
Para muchos padres y madres, el llanto de su hija o hijo es el primer misterio. Nada más nacer, llora, y en ese momento, el mundo respira con esa criatura. Aquel llanto es la primera señal de que está viva, que ha respirado y ha hecho oír por primera vez su pequeña voz. Sin embargo, con el paso del tiempo, el llanto adquiere un significado diferente y muchas veces, las personas adultas no siempre entendemos bien lo que hay detrás.
Tanto los integrantes del equipo de la ikastola como las familias solemos ser a menudo testigos del llanto de nuestras niñas y niños en distintos momentos, también tras el periodo vacacional, como nos toca ahora, cuando tienen que volver a la ikastola.
Y aunque muchas veces pensamos que si empiezan a llorar es porque sienten dolor o están indispuestos, es decir, hambrientos, cansados, o lastimados, lo cierto es que el llanto no siempre es un signo de dolor. Estos días lo vemos claro. El llanto es el momento en el que las emociones encuentran su salida natural. Pequeñas y pequeños aún no saben decir con palabras: "Estoy harta", "estoy triste", o "necesito tu atención". En lugar de eso, lloran. Eso no tiene por qué ser negativo. Porque el llanto es una especie de vaciamiento, una vía para aliviar la tensión interna. Muchas veces, tras un llanto, niñas y niños se sienten más tranquilos y dispuestos a volver a jugar o a reír.
El llanto forma parte del desarrollo
Como adultas y adultos, a menudo intentamos acallar ese llanto: "¡No llores!", "¡No pasa nada!", pero al pedir al niño o niña que deje de llorar, le hacemos renunciar a sus emociones. Y es que llorar forma parte del proceso de aprender a crecer y aprender a sentir. Pueden llorar por frustración, porque no han conseguido algo; o por desilusión, porque un amigo o amiga no ha compartido algo. Todos estos momentos son necesarios para aprender a identificar y gestionar las emociones.
El llanto no es algo que haya que reparar, el llanto hay que escucharlo. Así trabajamos en EKINTZA Ikastola, ayudando a nuestras niñas y niños en un entorno de confianza, acompañándoles y arropándoles cuando lo necesitan.
¿Y en casa, qué? El abrazo de madres y padres, la mirada serena y una frase tan simple como "Sé que es difícil, estoy aquí contigo" pueden marcar la diferencia. No hace falta una solución inmediata del problema, muchas veces nuestras y nuestros txikis sólo necesitan que les escuchemos y les comprendamos.
Porque, insistimos, el llanto no es signo de debilidad. Llorar es tan natural como respirar.
Los adultos también lloramos muchas veces y nos sentimos bien después, ¿verdad? Debemos, pues, manifestar esto a nuestros y nuestros pequeños. “Llora, relájate, y vuelve a abrirte al mundo”.
Siendo parte de la trayectoria del desarrollo infantil, en este camino el amor y la paciencia de madres, padres y equipo de educadoras y educadores se convierten en vitales. Así que, dejemos que nuestras niñas y niños lloren, pero sobre todo, dejemos que ese llanto se escuche. Porque ahí está su verdadera voz, el mapa de sus emociones.