¡Déjame hacer! La autonomía de niñas y niños y el valor de la ayuda

31/10/2025

Niñas y niños muestran sus ganas de hacer las cosas por sí mismos y por si mismas desde edades tempranas. En Educación Infantil lo vemos todos los días: es uno de los pilares del crecimiento. La autonomía no es aprender a vestirse sin ayuda o comer solas y solos. La autonomía significa coger confianza en las propias capacidades, tomar pequeñas decisiones, y tener la oportunidad de cometer errores. Muchas veces, como adultos, y con buena intención, les ayudamos demasiado. Para que se vistan rápido, no se ensucien o no sientan frustración. Pero lo cierto es que muchas veces eso limita a niños y niñas.

¡Déjame hacer! La autonomía de niñas y niños y el valor de la ayuda

"¡Déjame hacer!" es una de las frases principales para el desarrollo autónomo de las y los txikis. Niños y niñas aprenden a través de sus propias experiencias; y la misión de las personas adultas es garantizar un entorno seguro y adecuado, pero no actuar en su lugar. Cuando consigue algo fruto de su esfuerzo, el orgullo y la motivación le nacen de dentro.

En la Ikastola, en Educación Infantil, también vemos otro fenómeno hermoso: la ayuda natural entre niñas y niños. Desde edades tempranas, tienen un instinto innato de ayuda mutua: cuando alguien derrama una lágrima, otro la besa; si alguien no llega, otro le tiende la mano. No son acciones que se hacen por orden de un superior: son comportamientos que brotan de dentro. Ahí está la semilla más pura del voluntariado y la solidaridad.

En EKINTZA Ikastola ofrecemos a cada niño y niña la libertad y responsabilidad adecuadas a su edad y momento personal de desarrollo. No entendemos la autonomía como "hacerlo todo por sí mismo", sino ir adquiriendo progresivamente una mayor autonomía, aligerando poco a poco la ayuda y orientación del adulto. Para ello realizamos intervenciones escalonadas: primero más apoyo, luego un seguimiento ligero y al final, una simple observación. El objetivo es convertir a niñas y niños en dueños de sus capacidades respetando su ritmo y seguridad.

Asimismo, fomentamos la autonomía a través del trabajo colaborativo. Que una persona sea autónoma no se reduce sólo a que sepa desenvolverse, sino a que se sienta parte de la comunidad y sepa ayudar a los demás. Por eso, en las actividades cotidianas niñas y niños tienen posibilidades de organizarse en grupo, asesorarse mutuamente o compartir materiales. Así, la frase "yo solo", “yo sola”, se convierte en “juntas y juntos", en la base del desarrollo infantil.

Pero, ¿qué pasa después? En esta sociedad rápida, en la que se premia la competencia y la individualidad, este valor — ayuda y solidaridad natural — ¿no se va perdiendo poco a poco? A menudo, el mensaje que reciben niñas y niños es que cada cual debe cuidar de lo suyo, que debe ocuparse de su éxito. Y así el voluntariado, el altruismo y la alegría del apoyo pasan a un segundo plano.

Creemos que el reto de la educación es no perder esa esencia. ¿Cómo? La clave está en las actividades cotidianas de la educación: juego, proyectos, actividades del día a día... Las personas adultas tenemos que mirar y escuchar, pero no intervenir demasiado. Niños y niñas nos enseñan que, a través de las pequeñas cosas, la solidaridad y la autonomía van de la mano y ese valor es la base de una sociedad mejor para el futuro.